viernes, 19 de abril de 2013

Repercusiones: Comentarios sobre Amartillazos 6

El compañero Esteban V. Da Ré nos acercó sus comentarios sobre el último número de Amartillazos:




** Comentario general **
Me parece un acierto el problema del “trabajo” como tema central de la revista.
Respecto del editorial, me pareció particularmente productiva la capacidad de autocrítica respecto de los conceptos desarrollados en el número anterior, sin caer nunca cae en el “ombliguismo”.
A continuación, comparto algunos comentarios sobre algunos artículos. Sobre “Marx va a la escuela” y “La caverna de Heráclito” sólo puedo decir que estoy de acuerdo con sus planteos (en particular, “La caverna de Heráclito” es una de esos textos que, mientras lo leía, me daba ganas de haber sido uno de sus autores…).

** SobreRetrato de una dama (Crisis y fragmentación en la izquierda argentina post 2001)” **
En sentido estricto el procedimiento lingüístico por el que nombrar una parte refiere al todo es la “sinécdoque”, y no la “metonimia”. La sinécdoque es una forma de metonimia. Vía R. Jakobson y S. Freud, es posible afirmar que una metonimia es un fenómeno de condensación lingüística, mientras que la metáfora es uno de desplazamiento.
En tanto la metonimia funciona por condensación, existen distintos tipos de metonimia que se pueden consultar en cualquier diccionario de figuras retóricas: la causa por el efecto (y viceversa), el contenido por el continente (y viceversa), la parte por el todo (y viceversa), etc.
Pero más importante que este problema terminológico (que creo también aparece en alguna editorial de Dialéktica de cuya redacción participé…), resulta un problema conceptual. “Lo que nos permite la metáfora, a diferencia de la metonimia, es no encasillarnos en una identidad, sino poder concebirnos como un todo contradictorio” (p. 9). Considero que el problema no es la metonimia en sí, sino los usos de la metonimia. Es posible que una sinécdoque puede emplearse, al menos, de dos maneras: 1) presentando a la parte como si fuera el todo, 2) presentando a la parte para presentar el todo. Para ejemplificar rápidamente, la burguesía apela al primer uso, mientras que el –buen- arte al segundo[1]. De hecho, el análisis que realiza el editorial del libro Retrato de una dama se nutre de un procedimiento metonímico del segundo tipo. Descartar a la metonimia como procedimiento lingüísitico por considerarlo intrínsecamente estático, “identitario”, conservador de un statu quo, es confundir la parte (un uso específico, el de la burguesía) con el todo (una potencialidad humana, un procedimiento específico de de simbolizar, producir signos). En este sentido, la metonimia en sí es neutral (tanto como la metáfora); regresivas pueden ser algunas de sus manifestaciones, así como otras pueden no serlo…

** Sobre Trabajo y Ciudadanía, una materia no tan nueva – U otros modos de negar la lucha de clase en las aulas argentinas, de Maximiliano García **
Afirma el texto, luego de una cita de Jacques Rancière: “…entendemos la política como ruptura frente al orden establecido, como desplazamiento de los cuerpos ante el lugar determinado…” (p. 45).
El riesgo de esta definición de la política es reducir sus márgenes de existencia de tal manera que, extremando sus supuestos, en condiciones normales capitalistas la política se torna imposible. Sólo habría política en un contexto revolucionario. Pero, ¿y mientras qué hacemos? ¿La participación gremial no es política? ¿La producción de una revista como Amartillazos no es política? Y, un paso más allá, ¿quiénes ocupan el estado (o aspiran a ocuparlo), entonces, no hacen política?
Si bien provocadora, me parece una definición de “política” que pone la vara tan alto que, o bien llama a la inacción por imposibilidad, o bien no permite conceptualizar lo que habitualmente hacemos militantemente bajo el rótulo de “política”, por no producir estas prácticas (al menos hasta ahora) los efectos que debe, según esa concepción, producir la política: lejos de estar “roto” el orden establecido sigue muy entero y nuestros cuerpos, preponderantemente, tienden a estar (aún cuando militamos) en donde los localiza la lógica del capital.
** Sobre “La lección de Benjamin”, de Maia Schapochnik **
El análisis deja sentadas las condiciones para hacer el cruce entre forma y contenido literario, para evidenciar la necesidad (social) de su relación. “James muestra (…) como esta nueva clases social, la burguesía, tiene un estilo de vida que mercantiliza todo lo que produce y que pone en peligro al arte” (p. 73). Si las mercancías se caracterizan por no ser lo que parecen (parecen valer por sí mismas, cuando lo que vale es el trabajo abstractamente humano cristalizado en ellas), asimismo todo en James parece no ser lo que parece. En este punto, las ambigüedades estilísticas (forma) que tan certeramente señala el artículo, se corresponden con las ambigüedades argumentales (contenido) que también advierte el texto con sagacidad, pero que desarrolla por separado. A su vez, me permito afirmar, esa pertinacia que percibe la autora del problema de las apariencias en la novela de James, a su vez, se encuentra en correspondencia con el problema social de la relación entre valor y apariencia propio de una sociedad capitalista.

** Sobre “Las Máquinas – Técnica y alienación en la era del Capital”, de Hernán F. Padín **
Mis desacuerdos con este texto son numerosos y sustanciales. Propongo una serie de citas para luego desarrollar algunos de ellos:
 “Aún cuando las máquinas no pertenecieran al capitalista sino a la comunidad, el obrero seguiría sintiéndose enajenado respecto de sí mismo, deshumanizado y produciendo bienes para el consumo masivo, no para la satisfacción de sus propias necesidades (pues, si fuera ese solamente su interés, ¿para qué utilizar las máquinas, si con simples utensilios el hombre puede extraer a la naturaleza todo lo que necesita para vivir?)” (p. 101).
“Una sociedad altamente tecnificada desemboca necesariamente en un modo de producción capitalista” (p. 103)
“¿Es posible pensar en dar un paso atrás? ¿Sería la idea de un paulatino retroceso en lo tecnológico y la recuperación de nuestra relación vital con la naturaleza lo que pueda salvarnos de la catástrofe que se avecina? Quizás sí. Quizás no y  ya sea demasiado tarde.” (p. 109)
Ahora, mis interrogantes y desacuerdos:
1)     ¿Del texto se deriva como estrategia política la apuesta por la construcción de un modo de producción artesanal e individual, donde cada sujeto se produzca a sí mismo todos los bienes que necesita con la menor cantidad de objetos técnicos posibles y de la mayor sencillez? Todo tiende a indicar, desde mi perspectiva, que esto no solo es imposible (en vistas de que se propone una sociedad -si es que se puede dar ese nombre- de individuos aislados, incomunicados,) sino también no deseable (en tanto se rechaza la cooperación que permite la vida de la humanidad desde sus orígenes y que tiende a generar mejores condiciones para su permanencia y reproducción).

2)   Percibo un problema similar al señalado sobre el Editorial, confundir la técnica con su uso. En sí, las máquinas no son “malas” ni “buenas”, quien le puede dar ese valor para la humanidad es el uso que la misma humanidad les dé.

3)  No se desarrolla el nexo necesario entre tecnificación y sociedad capitalista. Si imaginamos una sociedad comunista en la que la humanidad cada vez le dedique menos tiempo y energía al trabajo que le requieren sus necesidades biológicas y cada vez más a las necesidades espirituales, una sociedad altamente tecnificada parecería ser una condición que favorecería ese objetivo, en tanto con menos tiempo de trabajo vivo se podrían producir mayor cantidad de riquezas…

** Sobre “El hombre del verazLa deuda y el estado en la formación de subjetividad: una lectura de La genealogía de la moral”, de América Mailhos **
Un interrogante: si, según el texto
…se aspira a donar siempre más de lo que se recibió y más de lo que los otros pueden a su vez redonar. De hecho, el ideal es realizar una donación que resulte imposible de devolver. El ideal es crear una deuda infinita. La donación está destinada exclusivamente a afirmar un dominio sobre el otro y a restringir el acceso a ciertas posiciones y rangos sociales” (p. 126),
en las condiciones actuales, ¿cómo se conjugan estas aspiraciones e ideales (de dominación) con el proceder concreto de la burguesía? ¿Qué “dona” la burguesía? ¿Qué cree deberle el proletariado?



[1] Un género paradigmático al respecto es el realismo decimonónico europeo, que a partir de la elaboración de “tipos” sociales y de la imbricación entre los conflictos de los protagonistas con los conflictos sociales generales intenta presentar críticamente el todo social.